Casi nadie mira el número de lote. Es un código corto estampado o impreso en algún lugar poco vistoso, normalmente la base del tarro o el cierre de un tubo, y es fácil interpretarlo como un defecto de impresión y no como información. Es una de las cosas más útiles del envase.
El código suele poderse leer una vez conoces su forma. La mayoría siguen alguna variante del mismo patrón: mes, año, un código de producto, y un número de secuencia de la producción. Así, un código puede indicar que ese tarro procede de la tercera producción de un producto concreto, envasado en un mes concreto de un año concreto. Los formatos varían entre fabricantes, y no hay un estándar único, pero los componentes suelen ser esos cuatro.
Lo que hace es más importante que lo que dice. Ese número es el vínculo entre el tarro que tienes en la mano y los registros conservados en la instalación que lo envasó: qué entregas de qué materias primas entraron, qué equipo se usó, quién trabajaba, qué mostraron los controles en ese momento. Sin él, un producto terminado es anónimo. Con él, un tarro concreto puede seguirse hacia atrás por cada paso que lo produjo.
Ese es también el mecanismo detrás de una retirada. Si aparece un problema meses después del envasado, el número de lote es lo que decide si la respuesta es limitada o total. Una marca que puede rastrear un lote retira la producción afectada. Una marca que no puede rastrear un lote tiene que retirarlo todo, o peor, no puede averiguar qué está afectado. La diferencia depende por completo de un registro que se hizo mucho antes de que nadie supiera que había un problema.
Hay una prueba sencilla que puedes aplicar como comprador. Pregunta a una marca qué significa su número de lote. La respuesta debería ser inmediata y poco interesante, porque para quien ha mirado sus propios registros es una cuestión de hechos. Una marca que no puede decirte qué significa el código difícilmente podrá rastrearlo hasta ningún sitio, lo que significa que la trazabilidad existe en el papel y no en la práctica.
Vale la pena decir que este es un trabajo poco vistoso y sin valor comercial. Nadie compra un producto por su codificación de lote. Solo se hace visible el día en que algo sale mal, y precisamente por eso tiene que estar establecido mucho antes de ese día.
Cada lote que recibimos llega con un certificado de análisis, y los conservamos.
